The End of the F***ing World, la fuga interminable

“Crees que huiste de algo, pero en realidad lo llevas contigo todo el tiempo”, dice en un momento, con tono de impensada sabiduría, la chica que huye. Y es una sorpresa: en la huida permanente de este pibe y esta piba, rara vez hay tiempo para aprender, para ser sabios, para cualquier observación que no sea fruto de la urgencia y la desesperación. James y Alyssa están –técnicamente– enamorados y nunca tienen margen para fijar objetivos o sacar conclusiones en la irresistible serie inglesa The End of the F***ing World, una sinfonía adolescente con tono de fuga, ritmo de road movie sangrienta y sensación circular de extravío. A dónde carajos vamos, ésa es la cuestión.

La llegada de una segunda temporada sonó sorpresiva dado lo elocuente del final de la primera, de 2017, con aquella escena de cierre dramática, corriendo en la playa, y el balazo policial que parecía dar cierre definitivo y punk a la aventura de estos Sid y Nancy centennials. Pero no. El impacto balístico no fue letal y el impacto mediático de esta producción original de la TV británica invitó a arriesgar, y acaso forzar, una segunda parte.

Felizmente, la vuelta de la serie mantiene el nivel, al explorar un poco más en estos dos chicos desesperantes y desesperados, y llevar su fuga aún más hacia adelante. Él siempre se sintió un psicópata pero ahora se quedó sin nada y está más vulnerable que nunca. Ella siempre se sintió fuera de todo y esa sensación se vuelve cada vez más arrolladora (y la vuelve a ella cada vez más impredecible). La columna vertebral de la narración en esta secuela terminará por armarse con la adición de una tercera protagonista, Bonnie, decidida a buscar y encontrar a estos (anti)héroes; y a compartir con ellos su propia habilidad para la frustración, la duda, el desastre y la muerte.

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